Que la industria de los eSports se encuentra en continuo crecimiento en los últimos años es un hecho, también lo es que este mismo crecimiento al que hacemos referencia tiene sus peligros y obligaciones, como son el hecho de la profesionalización de un sector muy joven (y quizás inmaduro) o la entrada de grandes sumas de dinero de forma muy repentina, que pueden llevar a un ascenso meteórico y exitoso en un primer momento (algo que ya está sucediendo), a la par que momentáneo, fugaz y de consecuencias duras y difíciles para todo aquel que forma parte de él sino se hace de una manera organizada y sostenible.

El objetivo de este articulo es hacer una pequeña reflexión sobre la industria de los eSports entorno a dos conceptos, “¿de dónde venimos?” y “¿hacia dónde vamos?”. Al mismo tiempo, lo salpicaremos con algo de información actual y haremos un breve repaso por las noticias más destacadas que nos ha dejado el, recientemente despedido, año 2016.

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¿De dónde venimos?

Como comentábamos en la introducción del artículo, los eSports vienen experimentando un crecimiento paulatino e importante desde hace varios años. Esto, en datos, se refleja de la siguiente manera:

En el año 2015, la cifra de espectadores habituales de los distintos eventos de eSports se situaba entorno a los 89 millones y la de espectadores eventuales llegaba a los 117 millones, mientras que solo dos años antes, la cifra era 30 millones más baja en ambos espectros. Esto quiere decir que los seguidores de eSports han crecido a un ritmo del 20% en los últimos años… una barbaridad.

Asimismo, y todo según datos de la consultora Newzoo, los ingresos que generan estas competiciones virtuales han crecido a un ritmo continuo muy elevado en los últimos 4 años, llegando a suponer en alguno de estos años un crecimiento de hasta el 29%. Según este mismo informe, se espera que para este 2017 las cifras de seguimiento totales de los distintos eventos y torneos de eSports superen a algunos de los deportes y ligas más tradicionales en Estados Unidos, como por ejemplo la Liga Nacional de Hockey (NHL), y se acerquen mucho a las cifras que tiene el deporte y la liga más seguida del país americano, la Liga Nacional de Futbol (NFL). Eso si, el dinero generado por estos deportes tradicionales sigue siendo muy superior al que generan los eSports. Sin embargo, el crecimiento en este apartado también es significativo en la industria deportiva electrónica, contando con torneos ( como el “The International”, de Dota 2) que en este 2016 han repartido cantidades de hasta 20 millones de dólares al ganador.

Con todos estos datos encima de la mesa podemos concluir que el crecimiento de los eSports, efectivamente, es un hecho y es brutal, pero… ¿hacia dónde nos lleva todo esto?, ¿este crecimiento es sostenible a largo plazo?, ¿se mantendrán en ascenso todos estos datos o solo se trata de un “boom” pasajero? Todas estas preguntas nos llevan, irremediablemente, al siguiente punto.

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¿Hacia dónde vamos?

Ya sabemos el pasado, somos conscientes de lo que ha crecido esta industria en los últimos años y tenemos datos que lo refutan, pero, ¿cual es el siguiente paso?, ¿hacia dónde nos llevará este crecimiento? Bien, estas preguntas son difíciles de responder y es algo difícil de predecir, ya que como cualquier industria, sus designios y caminos dependen de muchos factores, algunos de ellos fuera de nuestro alcance. Pero, aunque no sepamos a donde nos llevará este desenfrenado crecimiento, si que podemos advertir dos puntos que creemos serán importantes en el futuro a corto y medio plazo.

En primer lugar, el crecimiento tan poderoso y repentino que ha sufrido la industria de los eSports hace que para mantener un ecosistema sostenible y exitoso se deban de tomar algunas medidas igualmente poderosas e inmediatas. Algunas de ellas tienen que ver con la profesionalización de los distintos sectores que rodean el ecosistema eSport, tanto los equipos y jugadores,como los medios especializados, los casters o narradores y las distintas plataformas de distribución de contenidos. En segundo lugar este crecimiento desorbitado, por raro que parezca, es también un arma de doble filo. Generalmente y como es lógico, el crecimiento de un sector propicia que las cantidades de dinero generadas por el mismo sean mayores, y si a esto le sumamos que el sector en cuestión no solo ha crecido, sino que ha sufrido un despegue extraordinario, las oportunidades de hacer negocio a través de esta industria se multiplican exponencialmente. Esto atrae a grandes inversores y marcas al “mundillo”, cosa muy positiva, pero también hace que el ecosistema pueda tambalearse sino se toman las medidas oportunas o no se dan pasos en la dirección correcta.

Claros ejemplos de inversiones significativas y de apuesta por los eSports son noticias como las que hemos tenido en los últimos meses del año 2016. Desde la entrada a los eSports de clubes pertenecientes a los deportes más tradicionales como el Valencia C.F., el Paris Saint Germain, el Schalke 04 o el Manchester City por citar algunos, pasando por la compra mayoritaria de acciones de la LVP (empresa que organiza y distribuye algunos de los mayores eventos nacionales de eSports) por parte del Grupo Mediapro, y acabando por la reciente noticia de la compra de los derechos audiovisuales del juego League of Legends por 300 millones de euros hasta 2023 realizada por la MLB a través de una de sus filiales, BAMTech.

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En definitiva, los eSports no tienen visos ni de parar, ni de ni siquiera frenar en su crecimiento. Intentando responder a la pregunta que da nombre a este artículo, la verdad es que no sabemos dónde está el techo, nadie lo sabe de hecho. Eso si, lo que sí tenemos claro es que tenemos por delante unos años maravillosos e ilusionantes para todo aquel al que le gusten los eSports y todo lo que les rodea, en los que estaremos atentos y expectantes para saber cual es el siguiente paso que da este pequeño “monstruito” llamado eSports.