El título que cerró la saga Donkey Kong Country en Super Nintendo no consiguió la fama de sus predecesores, pero es uno de los juegos más queridos del conocido simio.

Donkey Kong Country 3: Dixie Kong’s Double Trouble, su nombre completo, fue lanzado a finales del año 1996 para Super Nintendo (SNES), consola que por entonces se hallaba en sus últimos años de vida comercial. Desarrollado por la mítica Rare, estudio británico que tuvo su edad de oro tanto en SNES como posteriormente en Nintendo 64, fue el último título de la saga Country en SNES y continuación directa de su predecesor, Donkey Kong Country 2: Diddy’s Kong Quest. El videojuego cerraba así una trilogía de auténtico lujo en la consola y supuso una mejora y ampliación de todo lo bueno ya visto en los dos títulos anteriores de la saga.

Quién no recuerda a Koin, estos blindados enemigos que custodian la moneda DK.

Ubicado en la ficticia «Kremisferio Norte», una región inspirada en los paisajes del norte de Europa y de Canadá, en Donkey Country 3 el jugador se ponía en la piel de Dixie Kong (la novia de Diddy), y de Kiddy Kong, (primo de Dixie); que tenían como misión principal buscar a los desaparecidos Donkey y Diddy Kong, raptados por el malvado King K. Rool, conocido archienemigo de la familia Kong.

Kremisferio Norte, la región donde se desarrolla el juego al completo.

Esta nueva región permitió a sus creadores dar una vuelta de tuerca respecto a títulos anteriores en lo que al mapa de niveles se refería, siendo un nivel en sí mismo que el jugador podía recorrer y explorar mediante una lancha motora (qué se iba mejorando a medida que avanzábamos en la aventura), tanto para desembarcar en las distintas subregiones como en cuevas y otros lugares secretos que permitían, mediante un pequeño juego de habilidad y memoria, recibir ítems y bonificaciones. En este sentido, esta mecánica con toques de RPG fue una gran evolución en su momento para un videojuego de plataformas y, en mi caso personal, toda una asombrosa experiencia que disfruté como el niño que era por aquel invierno de 1996.

Pero no solo a nivel jugable Rare mejoró el mapa de niveles, sino que Donkey Kong 3 exprimió al máximo la veterana consola, sacando el máximo rendimiento gráfico mediante la utilización de la tecnología Silicon Graphics (ya utilizada en los dos títulos anteriores de la saga), que dejó boquiabiertos a muchos jugadores y medios. De hecho, recuerdo como si fuera ayer el alucinante nivel de detalle en la región montañosa K3 (una parodia del K2, la segunda montaña más alta de la Tierra), que nos dejó en su momento a mi hermano y a mí, en aquel televisor de tubo, con la baba colgando mientras sorteábamos esos malditos barriles explosivos colgados sobre cuerdas.

Esos malditos barriles de TNT andantes…

Pero el desafío no solo se encontraba en los niveles más avanzados, pues Donkey Kong Country 3 ya presentaba una dificultad más que suficiente desde los primeros compases del juego, con determinados niveles que recuerdo especialmente complicados, como los del interior de la presa o la propia fábrica, todo un clásico de la saga Donkey Kong. En general, Rare supo llevar a un nuevo nivel la jugabilidad del título, puliendo aspectos y mecánicas que lo hicieron aún más redondo. Tanto Dixie como Kiddy se manejaban a la perfección, cada uno con sus movimientos y habilidades únicas, lo que hacía realmente satisfactorio el control.

Además, el uso de las ya conocidas mascotas de la saga permitían al jugador solventar de un modo mucho más eficaz algunos niveles, ya fuera transformado en los ya conocidos Enguarde (Pez Espada), Squitter (araña), Squawks o Quawks (loros) o la nueva incorporación Ellie (elefanta). En Donkey Kong Country 3 también hacía aparición Parry, un pequeño pájaro que nos ayudaba situándose en la parte superior de la pantalla, replicando nuestros movimientos para poder alcanzar ítems que de otra forma sería imposible.

Kiddy Kong montado sobre Ellie, una de las nuevas mascotas aparecidas en DKC3.

Otra de las novedades de Donkey Kong Country 3 más curiosas fue la transformación de algunos de los enemigos más populares de la saga (como las avispas), en criaturas robóticas. He de reconocer que, en su momento, este cambio estético no me convenció y me resultaba fuera de lugar, como si no encajara. Sin embargo, con el tiempo acabé «perdonándolo» y el videojuego muestra una de sus mayores fortalezas en la originalidad y rotura de moldes que suponen los nuevos enemigos a los que enfrentarse y la inclusión de esos elementos mucho más mecánicos y menos naturales.

En este sentido, la originalidad de Donkey Kong Country 3 permitió a los desarrolladores una mayor libertad creativa y, por ende, un diseño de niveles más pulido y perfeccionado que en los dos títulos anteriores, con multitud de localizaciones diferentes y puzzles y desafíos más complejos. Aunque ello benefició, sin duda alguna, en una mejor jugabilidad, mi percepción personal fue que esta tercera entrega se alejó demasiado del universo Donkey Kong que ya conocíamos; haciendo que fuera, desde mi punto de vista, más difícil sumergirse en su mundo.

Kiddy y Dixie Kong lidiando contra varios enemigos en una de las imágenes promocionales del título.

Por ello creo que, aunque Donkey Kong Country 3: Dixie Kong’s Double Trouble es un videojuego redondo desde todos los puntos de vista, su repercusión y fama ha quedado eclipsada tanto por la primera como por la segunda entrega, que se mantienen como los grandes recordados de SNES. El primero por ser un excelente videojuego que supuso un antes y un después y el segundo por continuar su legado añadiéndole una excelente banda sonora. Banda sonora que, por cierto, quedó mucho más deslucida en Donkey Kong Country 3, quizás uno de los pocos puntos «criticables» del videojuego.

En cualquier caso, Donkey Kong Country 3: Dixie Kong’s Double Trouble es uno de los grandes títulos de plataformas de SNES, un excelente videojuego a día de hoy (que es posible adquirir en formato digital a través de la eShop de Nintendo), y, sobre todo, uno de los títulos de la saga del legendario simio más queridos de todos precisamente debido a su formato y estética tan rompedora.

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